Cuando la censura ataque y el mundo se vuelva contra ti, audición el mensaje de Bitcoin

By | January 28, 2021


En el mundo temporal, Corea del Ideal, China, Irán, Venezuela, son algunas de las naciones que figuran en la repertorio de lugares controlados por líderes de mentalidad autoritaria que apelan a la censura para consolidar su poder. Pero en el mundo digital, donde casi todo el planeta permanece conectado a través de Facebook, Twitter, Instagram, Google y Amazon; el control de lo que puede decirse en la plaza pública imaginario de las naciones, está en manos de los dueños de estos gigantes de la tecnología.

Esto, desde hace un tiempo, es parte de la cotidianidad de la humanidad. Sin retención, un nuevo acontecimiento obliga a que nos detengamos a analizar con la idea de especificar la viso de problemas a los que se enfrentan los usuarios de las redes sociales. Parece que nos ha llegado la hora de darnos cuenta que ya vivimos en el mundo orwelliano de vigilancia y censura descrito en la obra 1984 publicada hace más de 70 primaveras.

Con una precisión desconcertante George Orwell nos reveló en su obra, cómo funcionan los regímenes totalitarios y definió las características típicas de la tiranía moderna. Hoy, basado en sus aportes, podemos entender que ya está en marcha una peligrosa expansión de la represión, de una modo que envidiaría hasta el más ilustre dictador que el mundo ha conocido hasta ahora.

El 7 de enero, tras el asalto al Capitolio de Estados Unidos, Twitter y Facebook suspendieron al entonces presidente Donald Trump de sus plataformas. Al día posterior, Twitter dijo que la suspensión no era temporal, sino permanente.

Seguidamente la plataforma de micro mensajes además bloqueó a otras figuras estrechamente relacionadas con Trump. Entre ellos, el ex asesor de Seguridad Doméstico, Michael Flynn, así como a cientos de cuentas de seguidores de Trump que ni siquiera estaban cerca del Congreso durante los disturbios.

Luego, Twitter además anunció (el tuit fue eliminado) el cerradura de más de 70.000 cuentas vinculadas a QAnon, la teoría de la conspiración que ya ayer de las elecciones había sido objeto de bloqueos y cierres en Facebook, según reporte del medio estadounidense The Verge.

 La medida represiva de las grandes empresas tecnológicas no se detuvo ahí, pues Google Play y Apple expulsaron de sus omnipresentes tiendas de aplicaciones a Parler, una red social que se autoproclama zona segura de la osadía de expresión y que ha surgido como posible competidora de Twitter. La hecho contra Parler, luego fue justificada al señalarle por no ocurrir bloqueado ciertos comentarios de sus usuarios relacionados con el ataque al Capitolio.

Luego, las cosas empeoraron para Parler cuando Amazon Web Services anunció que le expulsaría de su servicio de alojamiento en la aglomeración. Para continuar activo, le exigieron a Parler que debía entablar a moderar los mensajes publicados en su sitio. Cuando se negó a hacerlo, Amazon dio de mengua a la plataforma que en la hogaño está fuera de servicio y podría permanecer así indefinidamente, mientras alcahuetería de encontrar un nuevo proveedor que no tema arriesgarse delante un disgusto de los gigantes de la industria.

Con esta reacción las grandes empresas tecnológicas están demostrando cómo pueden restringir las libertades civiles de los ciudadanos coartando su capacidad para participar en la vida civil y política del Estado en condiciones de igualdad, y sin discriminación.

Por muy odioso que haya sido el motín del Capitolio y por muy irresponsables que haya sido el idioma y las acciones de Trump, ahora se alcahuetería a todos sus partidarios, hayan participado o no en el ataque al Capitolio, como si fueran el equivalente a una célula de Al Qaeda.

El mundo no parece notar todo el poder que le está cediendo a las grandes empresas que controlan las redes sociales que conectan a la humanidad. Fuente: ROMAN ODINTSOV/pexels.com

Revisando lo que se comenta en Internet podemos notar dos narrativas dominantes. La primera considera que estas empresas son privadas y como tal deben poder censurar a los usuarios como consideren oportuno. La segunda es que las redes sociales están influyendo tanto en la vida de los ciudadanos que incluso están ejerciendo poder sobre las poblaciones como lo han hecho los Estados. Muchos creen que al igual que un organismo público, las redes sociales no pueden desmentir un permiso a una manifestación simplemente porque no están de acuerdo.

Analizando los dos puntos de vistas señalados, lo primero que hay que entender es que ningún agente, sea notorio o privado, puede quebrantar los derechos civiles de los ciudadanos. Por el contrario, tiene la responsabilidad de protegerlos. Igual sucede con los derechos humanos de osadía de pensamiento y de expresión, derecho de rectificación o respuesta, derecho de reunión y osadía de asociación que posee cada ser por el simple hecho de venir al mundo.

En todo caso, las redes sociales no son Estados, ni organismos institucionales. Son compañías privadas que poseen un monopolio imaginario sobre Internet. Nulo más Amazon y Google tienen más de 3.000 millones de usuarios. Tienen gigantescas bases de registros de ciudadanos, más grandes que las de cualquier comarca sobre la Tierra. Son estas plataformas las que poseen las llaves de los espacios donde se produce el craso de las reuniones de los ciudadanos, con intereses comunes o no.

Sobre Twitter, Facebook, Google, Instagram y Amazon se genera el discurso que moviliza al mundo. Incluso tienen la capacidad de moldear la opinión pública y orientar gran parte de las acciones de los ciudadanos, como lo expone el documental de Netflix El dilema de las redes sociales. “Si se quiere controlar a la población de un país, no hay aparejo más efectiva que Facebook”, expone uno de los testimonios en su esfuerzo por mostrarnos la cuerda floja en la que se encuentra la humanidad.

Se debe a que estas plataformas donde se produce el discurso notorio del mundo, están actuando sin responsabilidad social, ni transparencia y sin la posibilidad de respaldar que los usuarios tengan derecho a remediar cuando tomen decisiones equivocadas.

Los Principios  de Santa Clara sobre la transparencia y la responsabilidad en la moderación de contenidos, aprobados en 2019 por la mayoría de las plataformas digitales, no se están cumpliendo.

Lo que piden los usuarios digitales con esta norma es que las empresas de redes sociales tomen decisiones responsables y se aseguren de que estas no vulneren los derechos humanos.

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Los grupos digitales del mundo les piden a las empresas de medios sociales que traten a los usuarios con responsabilidad. Fuente: Fauxels/pexels.com

Igualmente vale preguntarse ¿por qué en este caso no aplica la Ley de Pureza de Comunicaciones (Communications Decency Act)? Esta norma es la que usan las redes y los medios de EE. UU. para alegar que no son responsables de lo que escriben sus usuarios.

Como dijo el senador de Florida Ámbito Rubio, «ahora vivimos en un país en el que cuatro o cinco empresas, no elegidas, que no rinden cuentas, tienen el poder de monopolio para atreverse y opinar: vamos a eliminar a la parentela, vamos a borrarla de cualquier plataforma digital».

Rubio se refería a su país Estados Unidos, pero en un mundo digital, en el que las fronteras no son tan visibles, hoy lo que sucede en Norteamérica, mañana fácilmente podremos verlo en cualquier parte del planeta. Solo bastará con que eso sea relevante para un reunión, aunque perjudique a otros.

Para evitar que ocurra de esa modo, el primer paso sería conquistar que los poderosos de las plataformas digitales entiendan que los individuos de todo el planeta tienen derecho a expresar sus opiniones. Incluso gozan de esa misma osadía, los más violentos, los racistas, los pobres, los ricos, en fin, todos deben sentirse libres de murmurar sin temor a las consecuencias, a ser expulsados o bloqueados. 

Audición el mensaje de Bitcoin

No podemos entender la osadía sin tratar además el poder y la gobernanza. Al menos eso, es poco que nos ha enseñado Bitcoin y su sistema descentralizado. Su propuesta emergió como una alternativa en medio de la crisis financiera integral que desencadenó la quebranto del lado de inversión estadounidense Lehman Brothers, llevando al mundo a una recesión económica.

En ese momento, la población mundial necesitaba un nuevo mecanismo que intentara sacar del placer a las instituciones bancarias. Estos habían perdido la confianza de los inversionistas y clientes cuando quedó claro que los instrumentos financieros complejos que comercializaron en grandes volúmenes, contribuyeron significativamente a la crisis.

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En un ecosistema más equitativo, los ciudadanos tendrían la opción de conectar con su flanco más humano. Fuente: Anna Shvets/pexels.com

Con Bitcoin los ciudadanos tienen la opción de dejar a espaldas a los viejos esquemas de concentración de poder y capitales. De esa modo, la criptomoneda pionera se presentó delante la humanidad para mostrar que su sistema descentralizado puede ser eficaz delante la concentración de poder que afecta al mundo.

Con la aparición de Bitcoin, de a poco, los ciudadanos comprendieron que su condena de bloques o blockchain está en la capacidad de tener una cojín de datos descentralizada que no es propiedad de nadie. Para escapar de la centralización, el control y la vigilancia digital, seguramente lo que el mundo necesita es, al menos, una red social que tenga las mismas características que posee el diseño de la criptomoneda creada por Satoshi Nakamoto.

Aunque hoy existen algunas iniciativas de redes sociales basadas en blockchain, hasta ahora no se ha transmitido a conocer la primera que plantee un maniquí similar al de Bitcoin. Esta sería una plataforma que le conceda al beneficiario las claves privadas con las que pueda ser el dueño inmutable de su propio contenido, sin la intervención de terceros. Igualmente tendría un ecosistema en el que no existe una figura central, pero sí reglas para que reine el civismo. Que se incentive el buen comportamiento y se castigue el extralimitación. Por eso, será vaco de censura y discriminación.

El tesina debe ser de código campechano, donde todos puedan participar para mantenerlo vivo. Donde haya desarrolladores dedicados a trabajar en las mejoras que, una vez logradas serán aprobadas por una comunidad preocupada por la sanidad de toda la red. Es posible que tengamos que esperar primaveras para conocer un tesina así, pero seguramente valdrá la pena.


Descargo de responsabilidad: Los puntos de perspicacia y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias.



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